Feudalismo

Durante la etapa de la historia de la humanidad que corresponde a la Edad Media se dio por terminado el esclavismo, que consistía en el usufructo de la mano de obra esclava en las labores de producción.
A partir del siglo IX y en sustitución del esclavismo, surgió el feudalismo en la mayoría de los países de Europa Occidental. Es de recordar que, durante la Edad Media, la agricultura constituía el centro y fundamento de la economía, a pesar del uso de técnicas y herramientas rudimentarias para los procesos de siembra, cultivo y recolección de los productos agrícolas.

El hecho de que el trabajo en la producción agrícola ya no estaba en manos de los esclavos y los inicios de la descentralización del poder de la monarquía, provocaron la aparición del sistema feudal, que además se constituyó como un sistema político, económico y social.

En el feudalismo, el rey entregaba grandes extensiones de tierras a los nobles y guerreros (que pasaban a ser señores feudales) para que administraran la producción de esos espacios mediante contratos de producción con los campesinos. Esos contratos o pactos sobre las tierras eran llamados feudos.

Los contratos entre los señores feudales y los campesinos radicaban en una relación en condiciones de desigualdad para estos últimos, por cuanto debían entregar la mayor parte de la producción. A cambio de su trabajo en las labores agroproductivas, los campesinos tenían derecho a vivir en las tierras y se les prometía protección ante las posibles amenazas de invasiones extranjeras.

La entrega de las tierras a los nobles por parte del rey se correspondía con el reconocimiento de la valentía y las acciones heroicas destacadas de los guerreros durante las batallas. De esta manera, era considerada una especie de retribución o premiación a la lealtad con la monarquía.

Pero la generosidad o la premiación por parte del rey no era el único factor decisivo en la entrega de tierras a los nobles, sino que esta acción también le permitía asegurar la defensa de los territorios del reino en posesión de los señores feudales, mantener el pago de tributos que permitía la manutención de las riquezas y los hábitos lujosos de la monarquía, así como contar con algunas garantías de que el reino permanecería unido.

De esta manera, el compromiso emprendido por los nobles con el rey, mediante la entrega de las tierras, estaba representado por un acto solemne y cargado de simbolismos que se dividía en al menos tres fases: la ceremonia de homenaje, la realización de un juramento de fidelidad y, por último, la investidura, que era la entrega formal de las tierras y los bienes que estaban en ellas.

Características del feudalismo

Desigualdad social: durante la Edad Media existían al menos tres clases sociales: la nobleza que correspondía con los militares y dueños de grandes extensiones de terreno; el clero y la población llana (conformada por campesinos, vasallos y siervos). Por encima de todas estas, se hallaba la figura del rey.
Las posibilidades de obtener tributos por la producción de las tierras, provocó el ascenso social de los nobles y les otorgó mayores cuotas de poder en la estructura social. Por su parte, la población llana, a pesar de ser quienes aportaban su fuerza de trabajo en las actividades productivas, eran los más empobrecidos.

Aunque el establecimiento de los feudos era voluntario, las relaciones de dependencia de los campesinos con respecto a los señores feudales eran parecidas a las establecidas durante la esclavitud, puesto que estaban marcadas por la desigualdad en los beneficios obtenidos por ambas partes.

Pago de tributos y fidelidad: el pacto que se hacía en el sistema feudalista incluía la obligación del pago de impuestos por parte de los vasallos al señor feudal. Aunque este último era el administrador de la tierra y quien tenía el poder, ambos se comprometían a una fidelidad recíproca.

Mientras que el señor feudal les ofrecía protección y las tierras para trabajar, los campesinos se comprometían a pagar los tributos y a brindarle apoyo militar cuando fuese necesario.

Grandes luchas por las tierras: el control y posesión de las tierras estaba directamente relacionado con las posibilidades de obtener riquezas, de allí que se desencadenaran grandes conflictos armados para asirse de mayores porciones de territorios cultivables.

De esta manera, la invasión violenta de tierras para su puesta a disposición en las actividades productivas de los señores feudales y, por supuesto, en beneficio de la monarquía, fue parte de la historia del feudalismo durante la Edad Media.

Autonomía territorial: el usufructo de las tierras por parte de los señores feudales incluyó una especie de autonomía sobre la disposición de los territorios. Esto implicó que el sistema feudal funcionara a lo interno con una estructura propia, encabezada por el señor feudal, quien era el responsable de la administración de la justicia, los recursos, y las estrategias militares en su defensa.

Construcción de castillos y fortalezas: la lucha por las tierras y su protección ante los intentos de invasión, implicó la construcción de castillos y fortalezas que servían de vivienda para los señores feudales y también como base para las operaciones militares. Asimismo, la estructura de los castillos y las fortificaciones permitían tener un control del trabajo productivo de los vasallos.

División del poder: la defensa de las tierras por parte de los señores feudales y el poder sobre la principal fuente de ingresos económicos, provocaron una disminución del poder que ostentaba la figura del rey y un aumento progresivo del poder de los nobles y guerreros.

Esta situación tuvo como resultado las intenciones crecientes de los señores feudales de comenzar a ocupar lugares políticos estratégicos, que efectivamente comenzarían a tener.

La iglesia feudalista: la posesión de tierras por parte de la iglesia también operaba bajo la figura del feudalismo. Durante esta época, el clero llegó a ostentar grandes extensiones de terreno que eran producidas por los vasallos.

Fin del feudalismo

El detrimento del sistema feudal tuvo entre sus causas la crisis en la producción agrícola a partir de las malas cosechas, así como las pestes y enfermedades que abatieron a buena parte de la población durante la Edad Media. También las intensas guerras, provocaron una disminución de la población y de los ingresos económicos.

La aparición de la burguesía y su importante ascenso social a partir del proceso de industrialización, sumado a las migraciones campesinas hacia las ciudades industrializadas, impuso la llegada de la Edad Moderna y, con ella, el fin del sistema feudalista.

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